"Dentro de poco el cáncer dejará de ser una de las enfermedades más comunes"
Una entrevista con el Dr. Matthias Rath
Dr. Rath, ¿cómo se encuentra tras los ataques sufridos en algunos medios de comunicación durante las pasadas semanas?
Dr. Rath: Bien. Todos los descubrimientos importantes de la Historia han tenido que hacer frente a obstáculos hasta conseguir imponerse. Y esto es especialmente cierto en el caso de la medicina, pues cada vez que se acaba con una enfermedad, se pone fin a un mercado farmacéutico multimillonario. Esto es todavía más cierto si cabe en el caso de las enfermedades cancerígenas que se han mantenido durante un siglo como una sentencia de muerte con objeto de hacer depender a millones de personas de una medicina que no está al servicio de la salud, sino que responde al beneficio de las empresas farmacéuticas. Durante medio siglo se les ha vendido a millones de personas como “tratamiento contra el cáncer“ unos venenos celulares bajo el seudónimo de “quimioterapia“. Después de que hayan muerto miles y miles de pacientes, ahora la revista “Der Spiegel“ lo ha dejado bien claro: todo esto no ha sido más que una “cura venenosa sin beneficios”. Creo que la gente por fin se ha dado cuenta de esto y no tolerarán esta situación durante mucho tiempo más.
¿Con qué se substituirá al fracaso que ha supuesto la quimioterapia?
Dr. Rath: Mis descubrimientos y los trabajos de investigación que realizamos en nuestro Instituto de Investigaciones demuestran que las enfermedades cancerígenas no tienen porqué ser ya una sentencia de muerte. La medicina celular puede eliminar a nivel celular las causas de las enfermedades cancerígenas y, por lo tanto, es la única alternativa con base científica al “callejón sin salida de la quimioterapia“. Por supuesto que la medicina celular no puede curar todas las enfermedades cancerígenas, sobre todo si éstas están en un estadio bastante avanzado. Sin embargo, como prevención y para tratar las primeras fases de las enfermedades cancerígenas la medicina celular constituye a día de hoy una auténtica alternativa médico-científica. Con ayuda de la medicina celular el cáncer dejará de ser pronto una sentencia de muerte. Justo esto es lo que la convierte en una amenaza para el multimillonario negocio farmacéutico con las enfermedades cancerígenas. Los ataques recibidos en las últimas semanas no van dirigidos a mí como persona, sino al revolucionario descubrimiento médico-científico que yo represento.
Se afirma que la medicina celular no tiene una fundamentación científica. ¿Cuáles son los apoyos con los que usted cuenta?
Dr. Rath: El primer apoyo que recibió este revolucionario descubrimiento médico, el control natural de las enfermedades cancerígenas, vino de nada más y nada menos que de Linus Pauling, ganador en dos ocasiones del premio Nobel, el descubridor de la primera enfermedad hereditaria, la anemia de células falciformes. En este periódico y en nuestra página web se documenta en detalle el reconocimiento científico de este revolucionario descubrimiento médico en congresos internacionales sobre cáncer y en revistas médicas. Además, diariamente acuden cada vez más pacientes a los que la medicina celular les ha ayudado a las consultas de los médicos y a los hospitales. Es precisamente este éxito el que hace que la medicina orientada en fármacos dirija toda su rabia contra el revolucionario descubrimiento médico que ha supuesto la medicina celular. A diario se confirman estos descubrimientos. Ha quedado bien claro que ya no va a poder detenerse esta tendencia.
¿Cómo se explica la resistencia exasperada que oponen algunos profesores de nuestro país?
Dr. Rath: Los creadores de opinión de la medicina y la ciencia saben desde hace bastante tiempo que tengo razón. El mecanismo de expansión de las células cancerígenas a través de enzimas que digieren el colágeno, o lo que es lo mismo, el punto de partida de mis descubrimientos, fue el tema central del congreso anual de la Sociedad Alemana contra el Cáncer celebrado en Berlín el pasado mes de febrero.
En la edición preliminar del ejemplar más reciente del prestigioso “International Journal of Cancer” del 20 de enero de 2005 (Vol. 113, núm. 3) el grupo de investigadores de la Universidad de Copenhague confirma nuestros trabajos científicos y el principio en el que se basa nuestro tratamiento contra el cáncer. Han podido demostrar que el bloqueo de la digestión del colágeno por las células cancerígenas es el mecanismo decisivo para detener las enfermedades cancerígenas. Los resultados fueron tan sorprendentes que ya el 28 de noviembre de 2004 la BBC y otros canales de noticias internacionales informaron sobre ello. Los creadores de opinión de la medicina o los medios de comunicación que se muestran contrarios a este sorprendente avance científico se están aislando. Los motivos de los que se oponen a este avance científico son bien claros: o bien se trata de los retrógrados de siempre que siguen aferrándose a los dogmas de una medicina ya superada o bien son cómplices del multimillonario negocio farmacéutico con las enfermedades cancerígenas.
¿Qué quiere decir con esto?
Dr. Rath: Dos de cada tres médicos con consulta en Alemania utilizan a diario tratamientos naturales y en abril de este año el Diario Médico Alemán (Deutsches Ärzteblatt) pedía, después de más de 100 años, en un artículo de portada un acercamiento entre la medicina convencional y los tratamientos naturales.
A pesar de todo esto hay un pequeño grupo de profesores de medicina muy influyentes que se oponen a este avance científico como si quisieran seguir aferrados a la idea de que la Tierra es plana. El trasfondo de todo esto no son más que motivos económicos multimillonarios que quedarán claros con los siguientes hechos: antes de que un médico pueda ser profesor universitario o director de un departamento de una facultad de medicina ha de cumplir oficialmente tres condiciones: 1. Investigación. 2. Enseñanza y 3. Buenas conexiones con la industria farmacéutica.
La última condición se describe con el término de “consecución de recursos externos“. Detrás de este inocente término no se oculta otra cosa que los millones de la industria farmacéutica con los que se influye en la enseñanza y la investigación de las facultades de medicina. Cuantos más fondos haya conseguido el candidato para un puesto como profesor, mayores son sus oportunidades de conseguir la cátedra.
Millones de personas se habrán dado cuenta de que la industria farmacéutica ocupa los puestos claves de las universidades de medicina escapándose a cualquier control oficial. De este modo, el negocio de las inversiones farmacéuticas, carente de cualquier tipo de escrúpulos, influye en las opiniones y la formación de los futuros médicos y, por lo tanto, también en la salud de la población.
¿No cree usted también que las facultades de medicina tienen que dejar de ser utilizadas como instrumento de comercialización del multimillonario negocio farmacéutico?
¿Serán las enfermedades cancerígenas algo totalmente desconocido para las generaciones futuras?
Dr. Rath: En un periodo de tiempo previsible, las enfermedades cancerígenas se reducirán a una fracción de su estado actual, así como la mayoría de las enfermedades más extendidas de la actualidad. Uno de los motivos principales será el colapso inminente del negocio farmacéutico con la enfermedad que trata de mantener artificialmente estas enfermedades tan extendidas como mercados de consumo. Vioxx, Lipobay y el escándalo en torno a Schering que acaba de descubrirse son sólo el principio. Cada vez más personas de todo el mundo se están dando cuenta de todo esto, también aquí en nuestro país, y exigen una nueva medicina que no esté al servicio de los intereses del cártel farmacéutico, sino que se preocupe de la salud de las personas.
¿Cuáles son los pasos siguientes?
Invito a todas las personas, al margen de su condición y del lugar en el que vivan, a que asuman la responsabilidad que les corresponde y colaboren a través de nuestra Alianza de Salud para que podamos ayudar a otros. Participen en la construcción de un mundo en el que la salud, la paz y la justicia social estén al alcance de todos.
Muchas gracias, Dr. Rath